Los textos

Los textos que acompañan a las imágenes son también originales de sus autores o han sido elaborados en el Taller.
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ELLAS CREAN


Proyecto realizado con la ayuda de:





"Ellas Crean"
Belén

Elena


Joaquina

Khlifia



Celebrar el día contra el maltrato hacia las mujeres con creaciones artísticas hechas por mujeres, es el mejor símbolo de rebelión que se me ocurre.



El arte no es extraño a la invisibilización del trabajo femenino.

Los museos están llenos de cuadros de mujeres desnudas pero el número de mujeres artistas sigue siendo inferior y su trabajo sigue siendo mucho menos visible y menos valorado.



La idea de un artista independiente se inventa en el Renacimiento. Es un ser autónomo que forja su destino. Más adelante el Romanticismo tintará esta figura con el brillo del genio. Se construye así una idea de creador sin limitaciones, una idea que se constituirá como argumento de la modernidad para sostener sus ideas de progreso.

Este fue el paradigma de la libertad creativa, y quizá lo siga siendo. Mientras tanto, las mujeres estaban subsumidas en un grupo homogéneo del que no se esperaba particularidad ninguna.



La antropóloga Ellen Disanayake sostiene que “El arte es un comportamiento normal y necesario de los seres humanos que como otras ocupaciones y preocupaciones humanas como hablar, trabajar, hacer ejercício, jugar, socializarse, aprender, amar y cuidar de otros, deberían ser reconocidas, fomentadas y desarrolladas en todos y cada uno de nosotros." (Ellen Disanayake, Homo Aestheticus: Where Art comes from and why. University of Washington Press, 1995)

Sus textos y reflexiones sitúan la eclosión del arte como comportamiento, en las relaciones de cooperación, mutualidad y amor que subyacen en las relaciones íntimas entre los seres humanos, y que constituyen la base de las construcciones sociales.



El trabajo de la mujer, siempre ocupando la esfera de lo doméstico, no forma parte del PIB y sin embargo es el que sustenta y mantiene cualquier orden social. Si todas las mujeres del mundo dejaran durante un día de desempeñar las tareas invisibles que realizan cotidianamente, el mundo entero colapsaría. Todas y cada una de las sociedades y culturas que conocemos depende del trabajo diario e invisible de las mujeres.

La mayor parte son trabajos relacionados con los cuidados: de otras personas más frágiles (infancia, ancianidad, personas enfermas…) y toda ese volumen de trabajo se mueve gracias al ingenio, la invención cotidiana, la capacidad verbal, la paciencia, la capacidad asociativa, la iniciativa, la superación de las desventajas … Trasiegos en la intimidad, en la subjetividad, en el lugar del arte.



En muchas culturas gran parte de los trabajos artesanos –o incluso todos- los realizan mujeres. Un trabajo subjetivo que parte de la intimidad, se vuelca en un medio social y lo transforma.



Durante los años 60 algunas mujeres artistas participaron de las intensas reflexiones del feminismo. Se volvieron hacia el trabajo doméstico y tomaron sus materiales, temas y elementos como materia prima para la construcción de sus ideas y de sus obras. Al mismo tiempo rechazaron soportes tradicionalmente académicos, utilizando otros como la performance, el vídeo, la instalación...

Las mujeres abandonan la posición de objeto en el arte, para convertirse en sujetos de su propia frase.



Cuando el arte contemporáneo se refiere a la mujer, no trata de construir una nueva identidad para lo femenino, sino de mostrar el valor de lo femenino en toda su extensión: hacer visible la dimensión femenina de la realidad que construimos, y como esta potencialidad choca de frente con las representaciones que tienden a banalizarla (el cuerpo femenino como reclamo publicitario; el entorno de lo doméstico, la vida infantil y el ocio como grandes mercados que no dejan de crecer…)



El poder de la reversibilidad femenina –darse la vuelta y pasar de las esferas de la intimidad cotidiana a la plaza pública, de lo subjetivo al lugar común, de un mundo de fragilidades a la rotundidad …- se convierte en una posibilidad política: una política de la particularidad, del sujeto para el sujeto. Cada hecho que sucede en la vida cotidiana tiene una repercusión política y está contenido en una circunstancia política. Hacer arte no es ni más ni menos que cultivar la particularidad subjetiva, darle aire, representarla, hacerla hablar, ayudarla a construir y construirse en el espacio pactado llamado “realidad”.





El dicho de los años 70 “lo personal es político” supone un giro para la conciencia social. Cuando las mujeres, ocupadas en tareas de cuidados dicen “lo personal es político” sitúan en el centro de la sociedad aquello que suele ocupar sus márgenes: la fragilidad, la dependencia, la enfermedad. Esto supone un cambio de paradigma en la visión del bienestar que no consiste en la acumulación de bienes, sino en una calidad de vida subjetiva y amorosa nutrícia, rica, variada, heterogénea, diversa.

Por esto cualquier creación artística hecha desde este punto de vista constituye una forma de activismo.



Formas de expresión como la artesanía más doméstica, son reivindicadas por artistas contemporáneas como: Rosemarie Trockel, Eva Hesse, Ester Ferrer, Ana Mendieta, Louise Bourgeois, Miriam Shapiro, Judi Chicago… Estas artistas trabajan argumentos explícitamente tomados del entorno tópico femenino y de su imaginería tradicional.



Miriam Shapiro dice de su trabajo: “Sentí que hacer un gran lienzo, magnífico en el color, el diseño y la proporción, llenándolo con telas y bloques de edredón, podría elevar la devaluada conciencia de un ama de casa”

Para Judy Chicago, el arte es “un vehículo para la transformación intelectual y para el cambio social.

Otras artistas como Fryda Kalho o Georgia O’Keefee, consiguen imponer su visión subjetiva –y por tanto femenina- sobre su circunstancia, poniendo de manifiesto la gran relevancia de su mirada, es decir: de su manera de relacionarse con el mundo. Estas artistas –entre muchísimas más- nos ofrecen en sus obras imágenes congeladas, pistas, de un esforzado trabajo de elaboración simbólica. Tomamos estas imágenes como parte de una transmisión más extensa que nos ayuda a construir nuestras propias vidas.





Decir que “la mujer es tan eficiente como el hombre” sirve para exponer la necesidad de un igualamiento en derechos y libertades. Aún resta una tarea mayor: reivindicar la eficiencia del trabajo, del pensamiento y de la creación de las mujeres y los valores que esta perspectiva, sus modos y maneras, pone en juego en la construcción de la realidad.

El arte es un vehículo indispensable en esta tarea, que es política.



Las cuatro artistas que nos han regalado sus producciones en el proyecto “Ellas Crean” están ya incluidas en esta biografía de reivindicación y libertad, favorable para una realidad en construcción.

No importa si son o no profesionales, o si su encuentro con la creación artística es más o menos coyuntural, pasajera o permanente. Lo que importa es que se saben autoras. Esto las responsabiliza a ellas y a todas nosotras, y nos confirma, una vez mas, que los espacios para el arte son espacios de humanización, de construcción social. Espacios imprescindibles.