Los textos

Los textos que acompañan a las imágenes son también originales de sus autores o han sido elaborados en el Taller.
Sus nombres propios solo aparecerán si así lo deciden.
Tú también puedes participar en nuestro Taller escribiendo un comentario siempre que quieras.


lunes




Esta mañana he llegado al Taller y me ha parecido especialmente fotogénico.
No tengo mucho tiempo para preparar las cosas antes de que empiece a llegar todo el mundo, pero he sacado unas fotos de algunos rincones, del material que espera en las estanterías.
Hoy hace un día maravilloso: sol, calorcito. En el Taller siempre es un buen día, aunque lo tengamos malo. Intentamos que el malestar se disuelva, se pase, ocupe un lugar útil -a nuestro favor y si aún así hay que tener un mal día: también le daremos un lugar.


Las personas irán llegando, y al abrir la puerta les recibiremos con un franco Buenos Días 
Todo espera aquí para dar los Buenos Días: los materiales, el papel, los libros, las mesas... Y todo esto espera todo de estas personas: lo que quieran investigar, sus pruebas, sus descubrimientos, sus frustraciones. Esperamos sus imágenes y sus palabras si traen palabras con ellas. Esperamos la sorpresa y la incertidumbre, el miedo, el desconcierto... Detrás de nuestro saludo de cada mañana hay un espacio invisible capaz de acoger el buen tiempo y la tormenta, los días de zozobra, los días chistosos. Acogeremos los momentos más iluminados y los más oscuros.  Acogeremos emociones bondadosas, conmociones profundas y sutiles. Acogeremos la angustia y la celebración. Un cumpleaños, un luto, un novio nuevo, una emoción descubierta, algo que se ordena, algo que se desbarata, lo que naufraga, lo que flota. lo que cambia. lo que se siembra... Y de cada uno de estos maravillosos sucesos guardamos pequeños rastros en forma de dibujos, colores, formas... Pequeños rastros de maravilla.




martes

Las imágenes que creamos. El punto de partida.






Todas las imágenes que producimos, pero sobre todo todas las imágenes que producimos delante de nuestros ojos con nuestras propias manos, pueden tener efectos parecidos a las imágenes que habitan las galerías y los museos,  a las imágenes cinematográficas, a las imágenes literarias. Son los efectos comunes de todas las producciones imaginarias. Producciones imaginarias que se alojan en el caudal general de lo Universal Imaginario.
Hacemos interpretaciones basándonos en la impresión, en el efecto que estas imágenes causan en nosotras. Hacemos esto de la misma manera en el museo, en la galería o en el taller, viendo y comentando las obras propias y las de los demás.

Cualquier imagen, todas las imágenes están vinculadas a nuestros mitos particulares, a los mitos culturales de las sociedades en las que estamos sumergidas, y también están vinculadas a mitos y a figuras universales que se repiten y versionan en todas las culturas. Imágenes, mitos e ideas transculturales que también atraviesan el tiempo.
Nuestra relación con las imágenes es permanente y formativa, pero pocas veces prestamos atención al hecho de que nosotras somos sus autoras, incluso -y cotidiananmente- cuando nos comportamos como espectadoras  aparentemente pasivas.


Tanto el proceso de creación de imágenes, como los resultados finales (los objetos acabados) son momentos importantes en la creación.
Podemos distinguir entre la producción espontánea para nuestra satisfacción, para nuestro desarrollo personal, curiosidad, etc., y los procesos de los artistas profesionales que pueden estar también envueltos en cuestiones teóricas y -quizá se pueda decir: metalingüísticas- relacionadas con la contemporaneidad del arte.  Para Jung estas formas de creación espontánea tenía más que ver con lo que ´le llamaba "imaginación activa" y poco que ver con el trabajo de la persona artista profesional, si entendemos a esta como una profesional vinculada a las condiciones que el campo del arte presenta en un momento histórico concreto. (C.G. Jung: The Transcendent Function 1916; The Aims of Psychotherapy" 1931). Producir imágenes y conversar con ellas, conversar con las imágenes producidas en dibujos,  en mandalas,  en sueños, consituyó para Jung una forma de auto-análisis. Jung hacía esto siempre de forma dialéctica: conversando a su vez con otras personas, intercambiando opiniones y puntos de vista sobre la imágenes afloradas. Animaba a sus pacientes, colegas y amigos a hacer lo mismo, explorando en las imágenes y ocurrencias sus aspectos más subjetivos, más íntimos,  mas privados y particulares, al tiempo que estudiaba sus relaciones con su circunstancia cultural y con imágenes arquetipicas y universales.
Muchos artistas son también analistas de sus imágenes y exploradores de sus significados (mitos personales y universales...). Al dibujar, Jung experimentaba asuntos propios de la creación artística -igual que hacemos nosotras en cada jornada de nuestro taller- . De la misma forma, muchas artistas establecen ciertos procesos de auto-análisis cuando reflexionan sobre sus obras y sobre sus procesos de creación. Y de la misma manera, en nuestro taller procuramos las oportunidades para que esto pueda darse, sin sacrificar los aspectos ludicos y experimentales de nuestro hacer.

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Texto escrito a la luz de lecturas de las obras de Joy Schaverien 

lunes

Tiempo de tránsito


Las transiciones no son fáciles. Como en todos los cambios, necesitamos adaptarnos nuevamente a una nueva circunstancia. Estamos en este proceso constantemente, casi sin darnos cuenta: adaptándonos constantemente a situaciones novedosas, circunstancias cambiantes, personas nuevas...
Muchas veces, estos cambios se asocian a otros más físicos: cambios corporales, una medicación que nos acaban de recetar, cambios climatológicos...  A penas percibimos nuestra maravillosa capacidad para ir flexibilizando las herramientas imaginarias que tenemos ( -que somos) y acompasar nuestro bienestar al flujo cotidiano de los cambios.

                                      

La primavera es un tiempo de tránsito especialmente virulento. Durante este periodo nos conviene contactar con asuntos que nos hagan sentirnos un poco seguras entre tanto movimiento. Algo así como "hacer pié" cuando nadamos en el mar, saber que el fondo está ahí, cerca está nuestro apoyo. Este apoyo, esta confianza nos la proporcionan las cuestiones inmanentes de nuestra vida: lo que no cambia, lo que siempre está ahí. Esas zonas de nosotras mismas en las que siempre podremos refugiarnos, lugares de seguridad valiosos, de los que siempre podremos echar mano. ¿ Donde podríamos encontrar representados en la cultura estos valores universales comunes e íntimos que a todas nos acompañan?


Nos encontramos con la baraja del tarot. Los llamados "arcanos mayores" nos ofrecen 22 figuras con las que poder identificar muchos de los arquetipos con los que podemos relacionarnos. Estas figuras son antiquísimas y portan consigo un crisol de ideas, culturas y filosofías. Jugamos a relacionarnos con las imágenes dándoles color mientras identificamos qué hay de nosotras en ellas y dónde podemos encontrar sus características en nosotras. Es un juego que nos ayuda a recordar aquello de inmanente que nos habita, aquello que somos y que nunca perderemos. Aquello confiable que acogemos y que nos acoge.  

Los tiempos de tránsito, los cambios, la inseguridad de lo ambiguo, la incertidumbre, lo desconocido... se convierte en una aventura  enriquecedora, si podemos estar confiadas y apoyarnos en nuestros mejores valores.




¿Donde tengo yo el amarillo? ¿De qué color es mi tobillo izquierdo?


Este es el sorprendente y maravilloso resultado del trabajo de M.M. jugando con los colores. Si nos permitimos cierta aleatoriedad, si nos permitimos la experimentación azarosa sobre el papel, podemos descubrir imágenes de nosotras mismas que desconocíamos por completo.
Esta mañana ha sido especialmente fructífera en ese sentido. M.M. parecía no poder salir de la trampa que son algunas ideas "yo no sé", "no tengo imaginación", "no se me ocurre nada...". Muchas veces no se nos ocurre nada. A los mejores artistas, a los más experimentados y prolíficos muchas veces no se les ocurre nada. ¿Qué hacer entonces? Bueno, se pueden hacer muchas cosas, por ejemplo tres: pasar de largo y esperar que llegue la ocurrencia (que puede no llegar nunca); sufrir mucho o jugar sin mayores pretensiones que dejarse sorprender por el azar.  
Para este juego M.M. cogió un papel en blanco en el que situamos aleatoriamente unos puntos de colores. Después se puso delante toda la caja de rotuladores (unos cuarenta colores) y un par de pautas (a veces una puede agradecer unas cuantas buenas pautas a las que agarrarse como Teseo al hilo de Ariadna, porque la invención a veces puede sentirse como ir de aventuras al laberinto del Minotauro...mejor sentir cierta seguridad). Estas pautas fueron: con una línea de cada color, rodear todos y cada uno de los puntos.  
De esta forma M.M. pasó un buen rato subsumida en el dibujo. Absorbida por el trazado. Absorta en los recorridos. Ocupada al ciento por cien en lo que ocurría entre la punta de fieltro del rotulador y la superficie del papel, entre su trazo actual y los anteriores. Y le gustó el resultado.

Después hicimos otro juego en el que participaron muchas personas que estaban en el TAZ en ese momento. Se trató de poner colores dentro de la silueta de un cuerpo humano (teníamos la silueta de un hombre y la silueta de una mujer). Cada participante tomó la silueta con la que se identificaba. El juego podía tener varias versiones. En la primera versión pensábamos de qué color teníamos las distintas partes de nuestro cuerpo que íbamos recorriendo gracias a la silueta. En la otra versión, sacábamos rotuladores al azar e imaginábamos en qué parte de nuestro cuerpo situaríamos ese color.


Mientras poníamos el color sobre el dibujo, tratábamos de prestar atención a la parte de nuestro cuerpo sobre la que estábamos "operando".
Los resultados han sido muy interesantes. Cada persona se ha relacionado con este juego de forma distinta y personal. Nuestra imaginación, nuestra psique ha tomado rumbos propios. Algunas personas se han dejado llevar sin más, por los colores. Otras personas se han encontrado señalando partes de su cuerpo de forma específica por motivos específicos.  Hay quien ha representado un mapa de sus padecimientos y celebraciones. Otras personas han traducido los colores en sensaciones de frio o calor sobre su cuerpo...
M.M. se ha sorprendido de sí misma, de su soltura y despreocupada deshinibición al jugar. Hemos mirado juntas el resultado. Por algún motivo algo en su trabajo ha traído hasta mi memoria los dibujos de Oskar Schlemer para el Ballet Triádico y los hemos visto juntas. Y hemos inventado: "¿Te imaginas que con este diseño tuyo pudiéramos hacer un traje, un mono completamente pegado el cuerpo con el que una bailarina pudiera bailar libremente?" .¿"Te imaginas que la bailarina vestida así, evolucionara y se moviera sobre una escenografía que también hubieras dibujado tú?"
A M.M. esta idea le ha encantado. El encantamiento característico del encuentro con lo maravilloso que nos habita y que muchas veces permanece en la oscuridad toda nuestra vida. "¡Quiero ese mono ya!" Exclama M.M. Quizá aún no se ha dado cuenta de que ya lo lleva puesto. ¿O quizá si?

Fenómenos maravillosos en el TAZ.

El desembarco de las muñecas activistas


Los diseños de Celia siguen prestándose para más aventuras. 
Esta vez hemos tomado uno de los modelos que usamos para el libro de anti-colorear "Salta la Raya" y hemos hecho con él un sello de goma.

 Esto nos permite hacer cuantas reproducciones nos apetezcan. Celia hace versiones y versiones, e incluso otras personas pueden jugar a intervenir el modelo de Celia hasta casi el infinito...




Así nos estamos encontrando que las muñecas, desdobladas, desplegadas, versionadas... Se convierten en personajes independientes que escapan a la dimensión plana del papel y se ponen de pié observando el mundo a su alrededor. Juntas nos parecen un pequeño ejército. 
En principio se han filtrado entre nosotras, como una más y ya empiezan a explorar el mundo con su espíritu crítico. Se han ido a la caja de arena, y están revolviendo en nuestra Maquina de Contar Historias. Nos da la impresión de que están preparando algo. Se entrenan.


Drenar el malestar


Hay quien se deshace de sus malos rollos o del estrés que acumula yendo al gimnasio, corriendo o dándole puñetazos a un saco de boxeo.  Quizá también el yoga ayude, el senderismo,  la meditación o ir a bailar sevillanas. Drenar el malestar no es poca cosa: encontrar la manera de hacerlo muchas veces marca la diferencia entre poder seguir adelante con nuestra vida o no poder hacerlo.
El juego simbólico, la creación de formas, ver como líneas y colores se convierten en imágenes significativas frente a nuestros ojos es -para algunas personas- algo más que un drenaje.

Trabajamos sin otra ambición que acomodarnos en la sensación de bienestar necesaria y suficiente para apaciguar el mundo de las demandas exteriores, las preocupaciones y los juicios sobre nosotras mismas.


Trabajamos para extraer y para sacar a la luz del papel, las formas y los colores con los que poder dialogar hasta convertirlos en imágenes que quizá puedan hablarnos de nuestros orígenes.




Trabajamos en nuestros dibujos como un medio para encontrar un estar lo suficientemente apaciguado como para que aquello que nos presiona, nos incomoda y hasta nos duele, pueda ser drenado y más aún: convertido en símbolo de nuestro deseo.




Respetar la infancia y cultivar sus valores




Este sábado día 4 el TAZ participó en el Carnaval de Abusu 
Nos fuimos allá con todos los botes de pintura y dos ampliaciones sacadas de nuestro "Salta la Raya", un libro para NOCOLOREAR. Se trata de una colección de imágenes relacionadas con la cooperación, el ecofeminismo, la igualdad entre géneros... Un cuaderno que compusimos el año pasado a partir de imágenes realizadas por las personas que participan en el TAZ.  Para esta ocasión elegimos una imagen de un hada con bigote y pelos en las piernas que reivindica su derecho a no depilarse con bastante chulería, y un jardín en el que la dominación toma la forma de cabeza parlante que es arrancada como una mala hierba y convertida en una fuente maravillosa (gracias a la magia de una mujer valiente que se acompaña de un dragón). Decimos que es un libro para no-colorear, para salirse de la raya, para saltar la raya de los tópicos y de las ideas comunes que cristalizan entre nuestros prejuicios y se nos clavan como puñales.

Como  nos suele suceder, las niñas y niños que participaron en la actividad lo comprendieron todo estupendamente. Fuimos con algunas latas de colores, pero parte de la gracia del tema era que las niñas y los niños tenían que  conseguir los colores que necesitaban, haciendo ellas mismas las mezclas. Es sorprendente comprobar lo que intuitivamente sabemos sobre los colores, desde pequeñitas. Después quizá se nos olvida a fuerza de querer aprenderlo, como tantas otras cosas.
                                    

El rato pasaba muy divertido. Las niñas y niños participantes estaban entregados cada una a su manera. Había quien utilizaba los límites de los dibujos mientras le apetecía y le convenía y luego improvisaba por aquí y por allá; hubo quien no hizo ni caso a las líneas y transformaba aquello como le iba apeteciendo... Veíamos como una niña muy pequeña parecía fascinada por el solo y simple hecho de poner la pintura que estaba dentro del bote, fuera del bote.


Hubo quien inventó y añadió cosas que no estaban, y quien tapó otras que estaban. Cada cual a su gusto. Nuestro trabajo allí consistía en atender cuando necesitaban un color, limpiarles las manos si se pringaban hasta estar incomodas, procurar que los vasos de pintura no se volcaran y animarles a seguir y a disfrutar hicieran lo que hicieran.


 La infancia nos enseña muchas cosas que demasiados adultos olvidan. La mayoría de los niños y de las niñas disfrutan jugando, disfrutan poniendo en juego su imaginación, dándole de comer, haciéndole caso. La imaginación y la felicidad van muy unidas y es una alianza inmejorable siempre que la imaginación trabaje a favor de la felicidad. No hablo de una felicidad filosófica, ni absoluta, ni de un estado de nirvana libre de cualquier sufrimiento. Hablo de una felicidad sencilla, relativa,
 agujereada por los accidentes de la Vida, pero capaz de consolarnos de ellos.
Una felicidad con el sello de nuestro nombre propio, resiliente, madura y generosa, con ganas de derramarse por todas partes, como el agua, como la luz. Observando a estas niñas y niños nos parecían estar perfectamente preparados para ser felices, es más: parecían estar entrenándose ya para ello, haciendo magia con los colores. Hubo en especial un niño que hizo magia de verdad, de la buena. Quería hacer un color fácil, creo que quería hacer verde. Le pregunté si sabía cómo se hacía y me dijo que no (era bastante pequeño). Juntos llegamos a la conclusión de que sería muy interesante observar qué ocurriría si  a una buena cantidad de pintura amarilla le añadíamos un poco de azul. Al primer contacto entre los dos colores, sus ojos lanzaron el primer destello. ¡ Revuelve, revuelve fuerte para que se haga bien la magia ! -le dije. El niño revolvió y revolvió con fuerza, y cuando el color verde fue homogéneo dejó de revolver, sacó el pincel del bote y me enseñó el contenido. Sus ojos decían: ¡He hecho magia!.  Estaba maravillado. ¡Has hecho magia! - y él asentía mirando su verde mientras se iba a pintar.
La mayoría de los adultos no solo olvida esta posición ante la vida, sino que la ve peligrosa cuando la observa en sus hijos e hijas. Como si lo  maduro fascinarse por un coche potente o por un reloj caro... o cosas así. Esta confusión nos cuesta la cultura entera cada día. Cuando entendamos mayoritariamente que la imaginación no es un adorno propio de la infancia, sino una necesidad -como lo es la respiración- entonces tendremos una sociedad menos cruel, ocupada en valores más prometedores que los actuales. Cuando comprendamos mayoritariamente que somos de donde venimos, y que no vamos nunca a llegar más allá de nuestro origen, entonces tendremos una sociedad madura y acogedora, una sociedad para la que cultivar la infancia de sus hijas e hijos será una tarea verdaderamente importante.